Cuatro siglos en dos minutos, sin mover la cámara. Una isla boscosa con canoas se convierte, edificio a edificio, en la ciudad más famosa del mundo: el fuerte holandés, el bosque de mástiles, el puente de Brooklyn tejiéndose, las Torres Gemelas alzándose y cayendo en silencio, y la noche encendiéndose ventana a ventana. El tiempo es el único protagonista.
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