En un Tokio hecho enteramente de papel plegado, un kaiju de mil pliegues se alza cada atardecer. Akane, una universitaria armada con un abanico rojo gigante, lo enfrenta abanicazo a abanicazo: cada golpe despliega un pedazo del coloso y revela cartas, cuadernos y aviones de papel. El último pliegue guarda un mensaje que no venía a destruir nada.
transparencia ia